Las mejores alternativas al CLÁSICO anillo de compromiso
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La más fuerte representación de un compromiso entre dos individuos, así como la aceptación formal de la misma, es por medio de un anillo de compromiso como una tradición casi universal. Diversas culturas pasadas vieron nacer y evolucionar esta práctica, donde sus inicios son mencionados en la antigua Roma cuando el novio, al buscar el compromiso de la novia, le ofrecía diversos regalos que, entre ellos, estaba el anillo de hierro (que más tarde sería de oro), el cual sería colocado en el dedo anular de la mano izquierda por el conocido mito del "vena amoris". Esta concepción de compromiso, desde la tradición romana, fue evolucionando con el paso de las épocas, por diferentes regiones y culturas, siendo modificada según cada cultura particular.
Así, nos damos una idea del origen del anillo de compromiso, el cual, además, no portaba piedra alguna. ¿Cómo surgió y creció, entonces, esta práctica de implementar diamantes en ellos?
La belleza del diamante blanco es innegable desde la antigüedad. Aunque se tiene documentado su uso formal en anillos de compromiso desde el renacimiento, la verdadera solidez del diamante como símbolo de compromiso y amor inquebrantable data del siglo XX, cuando la empresa norteamericana "De Beers" desarrolló una exitosa estrategia de marketing que buscaba impulsar la demanda de diamantes al convencer a los hombres jóvenes de que únicamente usando esta piedra preciosa se podía demostrar la medida del amor real de un hombre, siendo, por medio de un anillo de compromiso de diamante, la mejor (y única) manera de manifestarlo. De aquí provino la idea de que "un diamante es para siempre".
No podemos negar que el diamante sigue siendo la piedra preciosa por excelencia, incluso, puede resultar difícil no imaginar un diamante blanco como el punto focal en un anillo de compromiso. Su popularidad, más que un fuerte uso global, le ha otorgado también un gran cliché. Las tendencias en las diferentes áreas que aborda la joyería (mineralogía, gemología, entre otros) expresan que el diamante ha dejado de ser la única alternativa para ello, abriendo paso a la elección de la piedra según el gusto personal, el presupuesto o incluso la consciencia medioambiental, así como la fuerte tendencia de ser singular y el deseo de lo personalizable, donde incluso influye la búsqueda del anillo y la piedra que puedan contar historias.
Infinidad de piedras pueden ser elegidas para el anillo perfecto. Según sus características, consideramos las siguientes como las mejores alternativas al diamante blanco, razón por la cual tienen un espacio dentro del artículo. 
1. Diamante Negro y Diamante Sal y Pimienta: Diamantes no-blancos.
El uso de estas variantes del diamantes ha obtenido popularidad en los últimos años, marcando una fuerte tendencia. Son excelentes alternativas que mantienen la esencia elegante de un diamante blanco.
Diamante Sal y Pimienta: Se le llama así por contener una mezcla de muchas inclusiones (pequeñas imperfecciones dentro de un diamante) de formas y tamaños diferentes, blancas, negras y hasta de otros colores. Esta característica hace que cada diamante sea único y esté lleno de detalles.
Diamante Negro: Los "negros elegantes" básicamente son diamantes blancos que tienen muchas inclusiones oscuras que se extienden por la piedra de manera uniforme. Son misteriosos y bastante fascinantes dados los mitos que lo rodea.

2. Zafiro, Esmeralda, Rubí: Tres de "las cuatro grandes".
Son fuertes sinónimos de extravagancia, belleza y exclusividad. Estas piedras se caracterizan por ser translúcidas y muy valoradas gracias a la riqueza de su color (a excepción del diamante, la cuarta piedra preciosa, cuyo valor es más alto por ser incoloro).
Zafiro: Sofisticado, con clase y muy llamativo, sin mencionar que son la segunda piedra más dura tan solo después del diamante. A pesar de que los tonos azules son los más clásicos, existe una amplia gama de colores, como rosa, verde, naranja, entre otros. Comúnmente se les relaciona con la realeza, e incluso, el zafiro blanco puede resultar muy similar a un diamante. Para acentuar su aspecto, es bastante empleado el oro blanco.
Esmeralda: Se les encuentra en variadas tonalidades de verde: desde tonos claros, oscuros e incluso tonos con un ligero toque azulado. Es vibrante y de gran claridad. El oro blanco es la combinación perfecta y moderna. Para un resultado más clásico, se puede acudir a un oro amarillo.
Rubí: Dado su fuerte color rojo, el rubí es una piedra impecable e intensa. Aunque el oro rosa combina perfectamente con esta piedra, el oro blanco también es bastante aceptado. Sus excelentes características, como la gran dureza y las pocas inclusiones que llega a presentar, hacen posible que con poco sea sucifiente.

3. Morganita, Topacio, Tanzanita: Piedras semi-preciosas.
Naturalidad y exentricidad.
La concepción arcaica entre piedra "preciosa" y "semi-preciosa" es hoy en día un tanto obsoleta gracias a que la extravagancia de estas piedras las ha posicionado en el mercado. Existe una larga lista que las incluye, pero solo se mencionarán tres de las más características.
Morganita (rosa): Tan elegante como delicada. Se ha posicionado en esta lista por su reciente popularidad. Una gran característica es su grado de brillo y la excelente reflexión de luz que presenta. Para combinar, el oro rosa es el ideal y para contrastar, la plata.

Tanzanita: La gama de color va de un ultramarino a un azul zafiro. Aunque su dureza no es su atributo más notable, su excentricidad y escacez sí lo es, dado que empezó a ser una piedra muy demandada, por lo que su precio también incrementa cada año.
Topacio: El azul es el color más utilizado en alta joyería, pero existen otros colores, que van desde el rosado, el dorado y hasta el champagne. Su versatilidad en colores lo ha hecho también muy controvertido al poder ser confundida con otras piedras.
Escrito por: Kapiolani Tatiana G. Cepeda Zapata